martes, 30 de diciembre de 2014

¿Por qué?

Una pregunta que constantemente cruza mi cabeza y que quizás nunca tenga respuesta. ¿Por qué te has ido? Llegué a creer que eras inmortal y que siempre estarías esperándome cada vez que fuera a visitarte, pero un día esa certidumbre se desvaneció. Quedó reducida a la nada. En ese momento no le encontraba sentido. Me equivoqué al pensar eso. No es cierto que ya no estés aquí.

Puede que haya sido pronto o puede que no, eso nunca lo sabré, que haya ocurrido lo inevitable. No obstante, hay algo que sí sé. Algo que he comprendido gracias a ti. Nuestra vida es una serie de instantes de felicidad y desdicha que van marcando nuestro camino y perduran en nuestro recuerdo.


La vida y la muerte forman parte de esa senda, pero lo importante de todo ello son cada uno de los acontecimientos que nos suceden y que de alguna u otra forma permanecen con nosotros. Podría rememorar algunos, aunque prefiero no detenerme en eso.

Una persona me ha enseñado que lo importante cuando llega el momento en el que nos encontramos ahora es recordar esos momentos vividos. No sólo los instantes de felicidad, sino también aquellos que no han sido tan felices. Porque es el recuerdo lo que nos queda. Porque mientras tu recuerdo perviva siempre estarás aquí.


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