martes, 3 de febrero de 2015

Quimera de un guiñapo mugriento

Busqué en la buhardilla cualquier guijarro del muchacho huidizo. Husmeé bajo el riguroso desorden y vislumbré un guiñapo mugriento, subyugado ante mi presencia. Sus rizos ocultaban su vergüenza ya que solo era un huraño y huesudo vagabundo.

Juzgué su silencio como sumisión y su rostro inexpresivo presagió la iniquidad de mi zurrón. Me ofusqué por su hurto ilícito y el óxido hirviente se inyectó en mis venas. Tergiversé su vahído, los pliegues de su piel se hundieron en oquedades y rezumó hiel de sus llagas.

Mi sino quedó yuxtapuesto al de ese huérfano irreflexivo, la reyerta se extinguió y un yermo vacío invadió mi ser. Un yugo inexpugnable se extendió como roña tóxica en los zurcidos de mi alma. El sueño se desvaneció y el huraño inquilino se fundió en una inexistente quimera.


PD: Este fragmento lo escribí para una práctica de clase sobre la sonoridad de las palabras.

martes, 27 de enero de 2015

Descomposición

Un fulgor tembloroso de una vela dibuja el contorno de una habitación sin ventanas. Un camastro con las sábanas revueltas yace en una esquina con un montón de ropa que desprende un olor a tabaco y alcohol. A su lado una papelera derrama su contenido de papeles y desperdicios por el suelo de losas frías donde unas pisadas de barro se dirigen hacia una estantería ocupada por libros de tragedias y clásicos con las páginas subrayadas y las esquinas dobladas. La metamorfosis de Franz Kafka se encuentra al borde del estante, a unos centímetros de precipitarse en el vacío hacia un destino certero sobre un montón de bichos que luchan entre sí por los restos de una manzana olvidada días atrás.

En el extremo opuesto de la estancia se encuentra situado un escritorio de madera de roble con numerosas hendiduras sobre su superficie que dejan transcritos nombres de antiguas existencias cuya única permanencia serán esas cuchilladas temblorosas. En el centro hay una máquina de escribir Olivetti de un azul decolorado y con las letras difuminadas por los dedos de tinta negra que la han pulsado miles de veces para engendrar nuevas historias de ficción con hilos de realidad

martes, 20 de enero de 2015

Último asalto

Las gotas de sudor descienden por sus párpados y dejan un reguero de sal por sus mejillas hinchadas y enrojecidas. Una lágrima se escapa furtiva de su ojo violáceo y se entrelaza con la humedad de su cabello oscuro mojado. Su mirada expresa furia y dolor, punzadas que le atraviesan cada uno de sus músculos en tensión. Todo su cuerpo se encuentra preparado como una pantera para saltar sobre su víctima en el momento adecuado. Sus pies permanecen clavados en el suelo, doloridos y sangrantes.

Una banqueta soporta toda su masa corporal, trabajada en el gimnasio durante semanas para este único día. Unos últimos minutos que tal vez cambien el transcurso de su vida, pero no su destino. Coge una toalla del suelo y se seca con ella el sudor que recorre su rostro y su pecho. Con esfuerzo se pone en pie y se prepara para la señal. Sus manos se cierran en puños y se preparan para ese último movimiento certero.

jueves, 15 de enero de 2015

Silencio

Silencio. La oscuridad se extiende allá donde mire. No hay nada. Tan sólo una densa niebla que con su manto, cubre todo y no muestra nada. Mis manos se mueven frenéticas buscando una salida. Cualquiera que me libre de esta morada sombría. Acaricio la pared y advierto antiguos vestigios de arañazos. No he sido el primero atrapado en esta prisión, pero seguramente tampoco seré el último.

De súbito, mi cuerpo se estremece ante el contacto de un objeto afilado. Me sobreviene una oleada de dolor y una certeza se instaura en mi mente. Pronto terminará este tormento. Porque yo soy el único que percibe las sombras. Las lágrimas brotan de mis ojos. Unos ojos incapaces de ver. Unos ojos cegados por las tinieblas. La sangre brota de mi interior, ansiando disfrutar de la brisa.

martes, 13 de enero de 2015

Rasgando el futuro

Una carta reposa sobre la mesa, esperando ser abierta y revelar el secreto oculto en su interior. No lleva remitente, tan sólo unas letras garabateadas con una escritura afilada: Rosario Fernández. He guardado todos los sobres que he recibido en los últimos dos meses. Aún no he leído ninguno de ellos, tal vez por miedo. Cada uno me recuerda los difíciles momentos de mi vida y noto que emana lástima de ellos.

Este sobre de color rojo parece una advertencia y rasga mi aparente tranquilidad. Regreso a aquella noche donde todo se tiñó de arañazos y golpes. Siento un fuerte estruendo, el deslizamiento del vehículo, el sabor metálico y gritos graves y agudos. Mi propia voz quedó ahogada por el horror de la tragedia. Sin previo aviso, perdí la consciencia durante días y cuando desperté la fatídica perdida me golpeó con saña.

jueves, 8 de enero de 2015

Inocencia guillotinada

Crepúsculo. El sol se oculta y un manto oscuro de brillantes estrellas cubre el cielo. La luna permanece en cuarto menguante. En las calles muchas de las antorchas ya se han extinguido y las que continúan encendidas danzan en la noche, vigilando, buscando una nueva víctima que subir al estrado. Pero todos aguardan ocultos, atemorizados ante una repentina acusación.

Observo a través de la ventana ese absurdo juego en el cual yo he participado, e incluso he disfrutado regocijándome en las expresiones de terror de aquellos a los que detenía. Lo recuerdo perfectamente. Con un golpe sordo en la madera pulida, convocaba a los inquilinos. Me abrían con expresiones de perplejidad y miedo. No sabían por qué acudía a altas horas de la madrugada. La verdad es que yo tampoco. Sin dilación leía el pergamino en el que figuraban los delitos cometidos y ordenaba apresarlos. Ninguno se resistía y los que se atrevían a cometer tal insensatez eran fusilados en aquel mismo instante. Todos sabían que no había escapatoria.

martes, 6 de enero de 2015

Érase una vez...

Inicio. Toda vida tiene un comienzo, todo ser vivo un nacimiento. El origen de un ser humano viene determinado por su concepción. Dos personas desean tener una descendencia y con ello constituir una familia, pero no solo eso. Ese niño es fruto del amor y de la entrega, de la esperanza y de la felicidad.

El momento en sí es un milagro, inolvidable el instante en el cual vemos por primera vez a ese niño que se ha ido conformado dentro de ti durante nueve meses. Ese cuerpecito menudo con esos grandes ojos oscuros y la maraña de pelo negro nos muestra a un recién nacido desvalido y necesitado de amor y cariño.

Olvidamos el esfuerzo que nos ha costado llegar hasta allí, ya nada importa. Sólo él, delante de nuestros ojos. La primera vez que nos mira, el primer abrazo... Sin embargo, ese niños es a su vez la propia imagen del amor, un amor puro e inocente.