martes, 27 de enero de 2015

Descomposición

Un fulgor tembloroso de una vela dibuja el contorno de una habitación sin ventanas. Un camastro con las sábanas revueltas yace en una esquina con un montón de ropa que desprende un olor a tabaco y alcohol. A su lado una papelera derrama su contenido de papeles y desperdicios por el suelo de losas frías donde unas pisadas de barro se dirigen hacia una estantería ocupada por libros de tragedias y clásicos con las páginas subrayadas y las esquinas dobladas. La metamorfosis de Franz Kafka se encuentra al borde del estante, a unos centímetros de precipitarse en el vacío hacia un destino certero sobre un montón de bichos que luchan entre sí por los restos de una manzana olvidada días atrás.

En el extremo opuesto de la estancia se encuentra situado un escritorio de madera de roble con numerosas hendiduras sobre su superficie que dejan transcritos nombres de antiguas existencias cuya única permanencia serán esas cuchilladas temblorosas. En el centro hay una máquina de escribir Olivetti de un azul decolorado y con las letras difuminadas por los dedos de tinta negra que la han pulsado miles de veces para engendrar nuevas historias de ficción con hilos de realidad



Junto a ella reposa una mano de uñas mordidas y renegridas de una figura masculina que yace inerte sobre un sillón de piel con una actitud relajada. Sus ojos permanecen cerrados y su rostro surcado por las arrugas refleja hastío y tormento.


PD: Otra práctica de clase, en esta ocasión es una descripción de un lugar.

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