martes, 13 de enero de 2015

Rasgando el futuro

Una carta reposa sobre la mesa, esperando ser abierta y revelar el secreto oculto en su interior. No lleva remitente, tan sólo unas letras garabateadas con una escritura afilada: Rosario Fernández. He guardado todos los sobres que he recibido en los últimos dos meses. Aún no he leído ninguno de ellos, tal vez por miedo. Cada uno me recuerda los difíciles momentos de mi vida y noto que emana lástima de ellos.

Este sobre de color rojo parece una advertencia y rasga mi aparente tranquilidad. Regreso a aquella noche donde todo se tiñó de arañazos y golpes. Siento un fuerte estruendo, el deslizamiento del vehículo, el sabor metálico y gritos graves y agudos. Mi propia voz quedó ahogada por el horror de la tragedia. Sin previo aviso, perdí la consciencia durante días y cuando desperté la fatídica perdida me golpeó con saña.


Desde entonces la culpa anida en mi interior aunque ya hayan transcurrido dos meses. Una única frase se repite: "Fue culpa mía porque era yo quien conducía". Sin embargo, cada vez la escucho en voz más queda. Se va apagando con el tiempo y comienzo a pensar en un posible futuro sin mi familia y a aceptar que fue un desconocido quien me la arrebató.

Por eso, cada una de esas cartas significan tanto para mí. Muchas son meras condolencias y otras me regalan su apoyo. Esperan que vuelva a salir a la calle y dejar atrás la culpa de aquella noche. Un halo de luz entra de improviso por la ventana e ilumina la estancia y aquellas fotografías de sonrisas inmortales. Mis manos atrapan el sobre y mis uñas rasgan una abertura en mi futuro. Un paso más y estaré allí.

                                                                      ___________________

La misiva permanece encima del escritorio, aguardando ser leída y confesar la incógnita escondida dentro de ella. No sé de quién proviene, únicamente hay unos caracteres escritos con una letra alargada: Señora Fernández. He conservado el conjunto de las cartas recogidas en los sesenta días anteriores. Todavía no he ojeado alguna, quizás debido a la cobardía. Con ellas revivo los peores instantes de mi existencia y advierto la compasión que surge.

Esta envoltura de tonalidad sangrienta se asemeja a un aviso y traspasa mi serenidad simulada. Retorno a ese oscuro día que se transformó en heridas y sacudidas. Noto un grave estallido, el patinazo del coche, el regusto amargo y voces roncas y afiladas. Mis particulares chillidos fueron sofocados debido a la atrocidad de la catástrofe. Sin darme cuenta, me desvanecí sin sentido varias noches y en el momento que me despabilé la funesta privación me sacudió con fiereza.

Desde aquel día albergo la culpabilidad dentro mía a pesar de que hayan pasado sesenta noches. Solo una oración insiste: "Yo tengo la culpa ya que era la que pilotaba". No obstante, en cada ocasión la oigo con un tono más tenue. Se va extinguiendo con los días y empiezo a reflexionar en un porvenir verosímil sin mis parientes y a reconocer el que una persona sin identidad me la quitó.

Debido a ello, todas esas misivas simbolizan mucho para mí. Un montón son simples pésames y algunas obsequian con su ayuda. Aguardan que pise la avenida de nuevo y abandoné a espaldas la culpabilidad de aquel día. Un rayo de sol accede sin previo aviso a través del cristal y alumbra la estancia y aquellas imágenes de felicidad eterna. Mis dedos agarran la carta y desgarran una rendija en mi porvenir. Un movimiento más y llegaré allí.


PD: Estos fragmentos los escribí para una práctica de clase y podéis ver que en realidad son el mismo, pero el segundo con sinónimos. ¿Cuál os gusta más?

No hay comentarios:

Publicar un comentario