jueves, 15 de enero de 2015

Silencio

Silencio. La oscuridad se extiende allá donde mire. No hay nada. Tan sólo una densa niebla que con su manto, cubre todo y no muestra nada. Mis manos se mueven frenéticas buscando una salida. Cualquiera que me libre de esta morada sombría. Acaricio la pared y advierto antiguos vestigios de arañazos. No he sido el primero atrapado en esta prisión, pero seguramente tampoco seré el último.

De súbito, mi cuerpo se estremece ante el contacto de un objeto afilado. Me sobreviene una oleada de dolor y una certeza se instaura en mi mente. Pronto terminará este tormento. Porque yo soy el único que percibe las sombras. Las lágrimas brotan de mis ojos. Unos ojos incapaces de ver. Unos ojos cegados por las tinieblas. La sangre brota de mi interior, ansiando disfrutar de la brisa.


Mi orgullo me impide desplomarme. Soy demasiado arrogante incluso para haber perdido la sagacidad. Permanezco de pie, esperando. Espero que llegue mi final. Anhelo la liberación. Y cuando esta venga, conservaré todos mis recuerdos en una cajita junto a mi torturado corazón y los relegaré y con ellos, mi sufrimiento y resentimiento hacia la vida. Esta es mi última sentencia antes de desligarme de esta amarga y dolorosa existencia.


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